Amarna Miller, demasiado gorda para el porno.

Bien, la cosa es: Sabíamos que iba a pasar, tarde o temprano. Una productora ha rechazado a Amarna Miller porque la consideran demasiado gorda para el porno. 

La última vez que nos vimos estuvimos hablando sobre cánones estéticos y sobre todo comentábamos el tema de: depilarse o no depilarse, la presión de algunas chicas de la industria a operarse las tetas o los absurdos comentarios que recibe ella misma a veces sobre si el lóbulo de su oreja tiene una marca o si está bizca. Pero la verdad, el tema de la gordofobia sólo había salido al comentar la poca presencia de cuerpos no normativos en ese aspecto dentro de la pornografía mainstream. Y que básicamente, si te atraen las chicas gordas: o bien acabas accediendo a pornografía que generalmente termina resultando ofensiva con las chicas o bien sabes como buscar y a través de Courtney Trobule encuentras una ventana a la construcción del deseo fuera de la norma.

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demasiadogordaparaelporno

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Pero la verdad, no imaginaba que el caso de “gordofobia” fuera a salpicar a Amarna y se viera en la situación de ser rechazada para una escena con ese motivo como principal argumento. Ella misma dice en su post que le resulta casi irónico hablar de discriminación cuando ella no se identifica como gorda (Y maravilloso que me parece, porque en el momento en el que una corporalidad como la suya se reivindicase gorda, las gordas tendríamos un problema.)
Sin embargo este suceso no hace más que obligarnos a mirar algo qué está sucediendo desde hace tiempo: los cánones de belleza son cada vez más restrictivos y más dolorosamente opresores. Y ya no afectan sólo a las que nos situamos en los márgenes, afectan también de un modo u otro a aquellas que parecían aceptadas por la sociedad. El problema ya no es la talla 46, si quiera la 42, ¡ni la 38! El problema es todo. Es la oreja rasgada, es el ser bizca, es las tetas pequeñas, es los 2 kg de más tras las vacaciones. Y es para tí, para mi y para la que ha rodado para las mejores productoras pornográficas. El problema es que se nos quiere a todas iguales. Lo bueno es que nos sabemos diferentes y estamos dispuestas a disfrutar de la diferencia, a aprender y a crecer con ella.
Me niego a que esta gente construya nuestro deseo desde la opresión. Tenemos derecho a un imaginario pornográfico donde ser bizca, tener las tetas pequeñas, los pies grandes o pesar los kilos que sea no suponga nada más que una posibilidad de erotización y un motivo de placer.

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