Dar consejos vs Ofrecer herramientas.

No me gusta dar consejos. Es algo que me satura. Siempre me han dicho que se me da bien escuchar, empatizo con facilidad y calo a la gente bastante rápido. Reflexiono mucho sobre sentimientos, emociones y como gestionar estos asuntos para que resulte lo menos doloroso posible. El resultado de esto es que hablo mucho con mi gente sobre estos temas, compartimos experiencias y nos sostenemos. Es maravilloso.

Sin embargo tengo un problema cuando dejamos de hablar de mi gente a la hora de pedir consejo. Mi gente, la que me trata a diario y sabe bien como me expreso, comprende que procuro ser zero imperativa al hablar sobre como veo su realidad. No me da miedo decir lo que pienso, porque sólo doy consejos si se me piden directamente y además siempre matizo las cosas con un: ” Yo en tu lugar haría esto. Pero tu decisión ha de ser tuya y yo la aceptaré sea cual sea. Aunque no la entienda o comparta, te apoyaré. Y si te caes, te ayudaré a levantarte”

Entiendo que al hacer públicos mis pensamientos y mis ideas sobre como tratar las emociones, abro la puerta al debate y a la consulta. Y me encanta, porque esa es la idea de este blog. Si con mis pensamientos compartidos puedo ayudar a los demás a estar un poco mejor, que así sea. Pero la verdad, me genera cierta angustia cuando quien me pide consejo son personas que practicamente no conozco. Porque empiezo a sentirme responsable. Si digo algo que hace que esas personas esten mejor, ¡genial! Pero… ¿Y si no? ¿Y si la lío? En el fondo no soy más que una persona que piensa y reflexiona. No soy psicóloga, no soy terapeuta y no tengo formación para poder aconsejar a nadie. ¡Aconsejar es una responsabilidad enorme! Y a mi me angustia esa responsabilidad sobre la vida de los demás. No, no, yo no quiero aconsejar.

maestro yoda - la guerra de las galaxias (Este es el único consejo que quiero guardarme en mi recámara. ¡Me niego a no poder usarlo!)

Por no entrar en que se está dando por sentado que como reflexiono sobre esto, yo no la cago… soy una especie de Genio de la Resolución de conflictos sexo afectivos, y creedme: No es así. Para nada. Yo me equivoco, yo la cago de una manera épica, yo tengo celos y a veces no los se gestionar, yo tengo problemas para ubicar a las personas en sus cajas y no se me da demasiado bien la bricomanía emocional. ¡Por eso pienso tanto sobre todo esto! Porque pensarlo y expresarlo es mi herramienta de supervivencia.

Comentándole esto a una amiga psicóloga me ha dicho algo que me ha hecho hacer un click: “Los psicólogos no damos consejos, damos herramientas para que las personas gestionen sus conflictos. Les ayudamos a usar sus recursos.”  La verdad que escuchar eso, para mi, ha sido como sentir la ligereza y el alivio de la levedad, que diría Kundera. La ostia, ¡se acabó dar consejos! Esas eran las palabras que necesitaba. Yo no puedo cargar con la responsabilidad de aconsejar a alguien y que luego su vida sea un completo desastre porque ha seguido mis ideas. Puedo hablar de que herramientas conozco, de que recursos pueden serle útiles… y a partir de ahí, que la persona los aplique a su vida y sus conflictos.

La verdad, me siento mucho más tranquila si lo pienso de este modo, siento que puedo continuar con la idea y el feeling de poder compartir mis pensamientos, de continuar creciendo con la ayuda de los debates que se crean a raíz de los mismos y  de paso ayudar a la gente que lo necesite. Pero no me siento responsable de sus vidas. Porque cada cual es el responsable de su vida, de sus elecciones y las consecuencias de las mismas. 

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