Si no puedo bailar, no es mi revolución.

Cuando era pequeña me encantaba una película que se llamaba “la princesa de los zapatos rojos”  una historia de los hermanos Grimm en la que tres hermanas huían por la noche a bailar con tres extraños príncipes y desgastaban sus zapatos venga a bailar en un castillo oscuro y subterráneo. Finalmente gracias a un honrado soldado se descubre que estaban como medio drogadas y que los príncipes eran monstruos. El Soldado las salva y el rey ofrece en matrimonio a la que él elija.  Todo muy normal, vamos. Y nada patriarcal ¿eh?. Pero a mi me lo que me gustaba de la historia eran los zapatos rojos y los príncipes monstruosos. Me gustaba la oscuridad de abajo y el poder bailar toda la noche.

Imatge

He de reconocer que los zapatos me gustaban especialmente. He tenido zapatos de tacón de todo tipo, zapato, bota, botín, con tacón ancho, con plataforma, pero principalmente corte salón, stillettos. Para mi era una gran afición, tenía una estantería en una de las habitaciones de mi casa con  todos mis zapatos expuestos.  Pero al dejar Berlín y volverme con sólo un par de maletas, la mayoría de ellos se quedaron allí. De hecho, solo bajaron conmigo 2 pares de zapatos. Un regalo de una gran amiga, mis zapatos preferidos y los únicos que de vez en cuando uso a día de hoy; un maravilloso corte salón con pulsera y estampado bicolor, rollo espectators pero con tacón, comprados en Leipzig. Y unas plataformas de leopardo compradas en Londres. Punto.

Desde que me afinqué en Barcelona y empecé a empoderarme rara vez he usado tacones. Y es que un día me levanté y me di cuenta de que prácticamente todas las tribus urbanas actuales consideran que la mujer elegante lleva tacones. Da igual si te identificas como heavy, gótica, si escuchas música latina, si te va un rollo más pijillo… ¡no importa! Si quieres estar guapa usas tacones. Fiesta de final de curso, boda, fin de semana de fiesta con las amigas… ¡tacones! Sólo hay dos excepciones: las skingirls y las punkis. Ellas usan falda, camisa, se visten guapas y elegantes y se calzan las botazas. Planas por supuesto. Porque nunca se sabe cuando hay que correr o cuando vas a tener que defenderte. Porque están en lucha.

Parece que los tacones estén diseñados para bailar lo justo, hasta que te cansas te sientas y esperas a que el príncipe llegue. Si, si… realzan el culo, fortalecen los gemelos… y te destrozan los pies, y la espalda. Pero eso no importa. Personalmente, con el tiempo me di cuenta de que toda esa supuesta seguridad que me daban, era mentira. La seguridad que me aportaban los tacones era sentirme hermosa para conseguir mediante mi cuerpo algún beneficio. No me daban seguridad para poder decir: Aquí estoy yo. ¡Por dios, si con un empujoncito accidental ya pierdes el equilibrio!

Y ojo! yo no voy a decirle a ninguna persona si debe usarlos o no… esporádicamente los uso, aunque siempre con bambas en el bolso. Suelo tomar la primera copa con zapatos y cambiármelos una vez dejo el bolso en el guardarropa, porque yo subida encima de esos zapatos preciosos, no puedo bailar. Y…

Imatge

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s