McDonalds sorprende para bien.

Cada año se consiguen avances en pro de la no opresión a las identidades disidentes. En la cuestión trans este 2013 ha sido un año bastante intenso (desde mi modesta opinión) Según The Huffington Post han habido algunos hechos destacables, entre ellos: Chelsea Manning sale del armario anunciando que va a iniciar una reasignación de sexo. Y como ella Jennifer Natalya Pritzker, coronel del ejército americano o Kristin Beck, oficial de la marina estadounidense durante 20 años. Cassidy Lynn Campbell es coronada reina del baile. Victoria Secret trabaja con Carmen Carrera. DC nos presenta a Alysia, su primer personaje transexual.  (Practicamente todos MtF. ¿os percatasteis? de los 18 que anuncia el artículo sólo se habla de un chico, Ashton Lee quien testificó  en el California Senate Education Committee sobre la importancia de los derechos de los transexuales en las escuelas públicas) Se ha avanzado en la cuestión de transexualidad infantil, se ha debatido sobre si se debe o no empezar a hormonar antes, Andalucía y su proyecto de ley nos demuestran que están por delante en estos temas (Zaska! si eres de esos que se cree que Andalucía está llena de catetos!) Y seguro que mil asuntos más de los que yo no estoy al tanto. Aunque la mayoría de situaciones han sido dadas por una persona, un individuo. Ese individuo es el que ha sido noticia.

Así que me sorprende, y mucho, encontrarme con la única noticia que me parece un gran avance y que no nace de un individuo o de una entidad pública.

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Por favor, ese cartel de McDonalds me ha emocionado. (Y podeis imaginar que McDonalds no es para nada santo de mi devoción, y menos desde que leí esto ) Pero hay que reconocerle que aquí ha estado bien, ataca a donde duele. Ataca al baño, a lo íntimo. A donde aquellos inconformes con su género tienen que desnudarse. A donde vamos a expulsar la mierda y a donde esta sociedad nos cataloga y divide. Vestuarios y lavabos. Desde que hace unos años leí el famoso texto de Preciado inicié mi particular y diminuto protocolo de revolución. Ahora siempre voy al primer baño que encuentro o al que tiene menos cola. Sin mirar si tiene una mujer o un hombre dibujados, una pamela o un bigote o si deciden que es para damas o caballeros. La arquitectura del espacio nos define y entiendo como Howard Roark (que aunque sea un personaje de ficción de Ayn Rand, para mi es un referente en si mismo) que este mundo se comprende a través de la arquitectura que habitamos. Yo no quiero habitar una arquitectura que limite mi espacio. Me niego a hacer colas infinitas detrás de mil muchachas que no se plantean que el baño de al lado es accesible también para nosotras. No tengo porque esperar, no tengo porque hacer esfuerzos sobre humanos pretendiendo que mi pis no se escape. Voy, evacuo y me largo. Para eso se crearon los baños, no para reproducir un sistema de género binario carcelario. Y aunque me identifique como mujer, no creo en el genero como algo obligatoriamente establecido o permanente, así que seguiré ocupando y resistiendo lavabos como método de protesta. Aunque me griten al salir.

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