Bye bye Blondie

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Recien acabado “Bye bye Blondie” sólo puedo decir que Despentes sigue pareciéndome brutalmente rompedora. La historia es desgarradora, es intensa, está repleta de buenas reflexiones y mejores referencias musicales. Leerla es sentirla en las entrañas, es retorcerte con ella, es recordar los gritos de tu garganta desgañitándose mientras te tapas los ojos para no verte. 

Una vez más mujeres fuera de la normalidad, proletarias, precarias, que se hacen viejas, que se arrugan, que luchan, que beben, que se pelean, que chillan y se dan de cabezazos con la realidad y con algún que otro subnormal que se cree con el derecho de juzgarlas. Todas las que quedamos fuera de los cánones estéticos, todas las marginadas de esta sociedad, tenemos el imperativo moral de leer a Despentes para comprender que no estamos solas. Porque no podemos permitirnos caer en depresiones, porque tenemos que seguir adelante, porque antes de morir solas y deprimidas nos lo llevaremos todo por delante. Porque quiero vivir y quiero privilegios y no quiero unos pocos, no quiero tener que escoger, yo lo quiero todo. Y esta mujer da fuerzas para eso y mucho más. 

Y a cada página que pasa y a cada libro que lees de ella te das cuenta de que no sólo escribe para las feas, las camioneras, las putas o las frígidas. También para ellos, para los renegados de su género, para los que dudan de sus privilegios, para los sensibles, los miedicas, los maricas o los travestidos. Desde abajo ella escribe en contra de este maldito sistema que nos mutila a todos. Y si no la conoceis, no puedo hacer nada más que recomendárosla muchísimo. Para hacer boca os dejo un fragmento de Teoría King Kong. Devastador.

“Pueden hacer saber a sus hijos que la tradición machista es una trampa, una restricción severa de las emociones al servicio del ejercito y del estado. Porque la virilidad tradicional es una maquinaria tan mutiladora como lo es la asignación a la feminidad. ¿Qué es lo que exige ser un hombre, un hombre de verdad? Reprimir sus emociones. Acallar su sensibilidad. Avergonzarse de su delicadeza, de su vulnerabilidad. Abandonar la infancia brutal y definitivamente: Los hombres-niños no están de moda. Estar angustiado por el tamaño de la polla. Saber hacer gozar sexualmente a una mujer sin que ella sepa o quiera indicarle como. No mostrar debilidad. Amordazar la sensualidad. Vestirse con colores discretos, llevar siempre los mismos zapatos de patán, no jugar con el pelo, no llevar muchas joyas y nada de maquillaje. Tener que dar el primer paso, siempre. No tener ninguna cultura sexual para mejorar sus orgasmos. No saber pedir ayuda. Tener que ser valiente, incluso si no se tienen ganas. Valorar la fuerza sea cual sea su carácter. Mostrar la agresividad. Tener un acceso restringido a la paternidad. Tener exito socialmente para poder pagarse las mejores mujeres. Tener miedo de su homosexualidad, porque un hombre, uno de verdad, no debe ser penetrado. No jugar a las muñecas cuándo se es pequeño, contentarse con los coches y las pistolas de plástico aunque sean feas. No cuidar demasiado su cuerpo. Someterse a la brutalidad de los otros hombres sin quejarse. Saber defenderse incluso si se es tierno. Privarse de su feminidad, del mismo modo que las mujeres se privan de su virilidad, no en función de las necesidades de una situación o de un carácter, si no en función de lo que exige el cuerpo colectivo. De tal modo que las mujeres ofrezcan siempre los niños a la guerra y los hombres acepten ir a dejarse matar para salvaguardar los intereses de tres o cuatro cretinos.

Si no avanzamos hacia ese lugar desconocido que es la revolución de los géneros, sabemos exactamente hacia dónde regresamos. Un estado omnipotente que nos infantiliza, que interviene en todas nuestras decisiones, por nuestro propio bien, que -con la excusa de protegernos mejor- nos mantiene en la infancia, en la ignorancia y en el miedo al castigo y a la exclusión.

El tratamiento de favor, que hasta ahora estaba reservado a las mujeres, con la vergüenza como punta de lanza que las mantenia en el aislamiento, la pasividad, la inmovilidad, podría ahora extenderse a todos. Comprender los mecanismos que nos han hecho inferiores y los modos a través de los cuales nos hemos convertido en nuestras mejores vigilantes, es comprender los mecanismos de control de toda la población.

El capitalismo es una religión igualitarista, puesto que nos somete a todos y nos lleva a todos a sentirnos atrapados, como lo están todas las mujeres.”

Teoría King Kong de Virginie Despentes.

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