Islam, izquierda y lucha por la liberación

Imatge

Ayer tuve el placer de asistir a la charla  “islam, izquierda y liberación” organizada por En lluita y el Centre Cultural Islàmic Català. Entre las ponentes estaban Brigitte Vasallo, Nahella Ashraf, i Neus Roca. Se habló sobre Islam, de islamofobia, sobre Egipto y Siria. Sobre como vemos desde aquí, desde el desconocimiento, una de las culturas más antiguas, de como nos da miedo ver una sociedad estructurada de manera distinta a la nuestra, del rechazo que sufren esas personas, tanto por su raza como por su religión (y genero) De minorías oprimidas y de personas que luchan. De unión, de lucha de clases y de un enfoque interseccional

Sin embargo hubo un concepto que me pareció fascinante, porque llevaba tiempo reflexionando sobre ello. Laicismo beligerante. Señores, eso existe y es muy molesto. Y no solo existe hacia los musulmanes, hoy en dia creo que existe hacia cualquier persona que exprese cierta sensibilidad religiosa. Tener una sensibilidad espiritual parece que es algo pasado de moda, anticuado y merecedor de crítica despiadada y desprecio. 

Voy a exponer un ejemplo de como yo sufrido ese Laicismo beligerante. Hace un par de meses me tatué a María Magdalena en el brazo. Inspirada en la escultura que siempre me conmuvo y que me produjo el único ataque de Síndrome de Stendhal que he tenido en mi vida (de repente me dieron sofocos, mareo, y me vi sentada en el suelo del museo del Prado llorando como una desesperada delante de la Magdalena Penitente de Pedro de Mena).  No me la he tatuado porque sea una católica practicante. Ni si quiera se si podría definirme como católica. Creo en algo, quizás de una manera bastante gnóstica, creo que las escrituras nos transmiten sabiduría (y cuando hablo de escrituras me refiero a la Biblia, a la Torá o al Corán, por ejemplo.) Me la tatué por lo que para mi representa Maria Magdalena.

Creo que nunca he recibido tantas miradas de desprecio como ha recibido mi tatuaje. La gente lo mira con desaprovación. Y tienden a hacerme preguntas tipo: ¿pero tu eres católica? (con cara de ¿los punkis no soys personas en contra del estado, la iglesia, la religion? Confundiendo esos dos conceptos, como si uno no pudiera ser espiritual, entender pasajes de la Biblia y creer que la Iglesia lo está malinterpretando todo) o – ¿Que virgen es?  + no es una virgen, es Maria Magdalena. – Ah, ¿la puta? ¿porque te tatuas una puta? (y aquí tengo que desplegar el arsenal e iniciar un discurso que me hace quedar como una tarada en el momento en el que empiezo a hablar del Concilio Vaticano II retractándose sobre sus opiniones sobre Maria Magdalena en 1969. A veces incluso me veo obligada a citar los versículos de la Biblia en los que se habla de alguna María Magdalena, para diferenciar a María de Betania con María de Magdala. Y ojo, aún así después de dejar a esas personas en evidencia, ya que yo si he leído la Biblia, y bastantes textos apócrifos, tengo que aguantar que me digan: Vale, vale… pero era una puta! jajaja) o Si es muy bonito, quiero decir está bien hecho, pero porque no le quitas la cruz? da mal rollo. (No, no la quito porque la obra es así, y precisamente la cruz es el motivo por el qual ella está así de jodida. Y porque es mi manera de reivindicar que lo que hicieron estuvo mal. Y Dolió.)

Para empezar me la tatúo porque me sale del coño. Me la tatúo porque me gusta, porque me siento representada, porque fue una mujer fuerte, porque en una Judea donde reinaba la represión hacia la mujer ella siguió a Jesus como un apostol más. La desprestigiaron y  la malinterpretaron. Ella estuvo alli cuando se llevaron a Jesus, y cuando lo cruzificaron. Jesús le pidió que continuara su labor. Y María lo comunicó a Pedro y a Felipe. Tuvo que aguantar, después de todo, que Pedro (el mismo que negó tres veces a Jesús) dudara de su palabra. Y aún así siguió adelante.  Su palabra quedó perdida,  su evangelio se declaró apócrifo,  como muchos otros que cuentan partes de la historia. Porque tiene la fuerza de un toro y la compasión de un dios. Porque es grande,  es hermosa, y sobretodo es humildemente poderosa.  Porque me recuerda que muchas lucharon antes de mi y me da fuerza.

Y me ofende que me me juzguen. Que me juzguen los católicos cuando me ven entrar en algún templo es algo que se que va a pasar, No espero lo contrario, sería infantil e inocente. Pero que personas de izquierdas, que se declaran progresistas me miren mal y cuestionen mis decisiones me sorprende y me molesta. Sobre todo, porque sus argumentos son fácilisimos de desmontar, porque no se han documentado y argumentan desde el desconocimiento y la ignorancia. Y lo peor no es que desconozcan y juzguen, lo peor es que encima esten orgullosos de su desconocimiento y sean arrogantes. Por favor, yo animaría a esas personas a escuchar y aprender antes de emitir una opinión (que no es lo mismo que un juicio!) Dejad de daroslas de respetuosos y progresistas y cuestionaros un poquito… porque resulta altamente agobiante tener que estar dando explicaciones constantemente. 

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